No es que esté en contra de las banderas o similares. Pero he de reconocer que los símbolos no suelen levantar mi lívido, ni siquiera acelerar mi ritmo cardiaco. Pero creo que ahí radica la esencia del nuevo nacionalismo canario. Debemos superar el imaginario colectivo que nos ha llevado a creer que comiendo papas arrugadas o hablando “mago” nos convertimos en portadores de ese gen exclusivo que nos marca como nacionalistas. Pues no. Los canarios y las canarias no necesitamos tener una pintadera tatuada en la frente para sentirnos participes en la construcción de nuestra identidad. En estos últimos años, he comprobado como algunos utilizaban nuestra propia cultura o nuestros propios símbolos para mantenerlos anclados en el pasado y profundizar en la marca “somos así”. Y ya está bien. Ya otros nos pusieron las cadenas para que ahora venga cualquier vecino y lo único que haga es colocarnos una más larga.
El/La nacionalista canario/a conoce nuestra historia, los orígenes; procura encontrar nuestras raíces para entender los problemas presentes y buscar las claves para transformar el mejor futuro posible para nuestras islas.
El/La nacionalista canario/a está preparado/a para el mundo, para todo el mundo. Reconoce que las islas no son espacios carceleros, sino que el Atlántico es nuestra puerta de entrada al conocimiento y nuestra autopista hacia la aldea global.
El/La nacionalista canario/a no se queda solo en el folklore, creyendo que es la única seña de nuestra cultura, sino que avanzan en el descubrimiento de construir un nuevo paradigma emocional y representativo de nuestros pensamientos y sentimientos.
El/La nacionalista canario/a habla de archipiélago, de nación, pero nunca de la isla o del territorio o de la comarca. Contribuye para que no exista un espacio mayor entre las islas, respetando las particularidades, pero nunca utilizándolas para crear fronteras.
El/La nacionalista canario/a no disimula su origen, no lo disfraza; sino que lo convierte en la principal apuesta de futuro. Le da igual los tópicos y lo que piensen de nosotros/as. Nuestra idiosincracia no es sólo que tengamos información sobre la cultura Amazigh o que memoricemos tres o cuatro coplas o que sepamos los topónimos de los lugares más recónditos, que también. Nuestra SER-CANARIO/A significa estar preparados, ser los mejores, ser líderes en cada uno de nuestros sectores para no tener que depender de nadie de afuera que nos impongan su forma de hablar o su manera de vestir. Somos diferentes, somos isleños, y esa diferencia es nuestra fuerza.
El/La nacionalista canario/a no dice “sí señor lo que usted mande”, sino que es crítico, incluso con los que llevan tamarcos en vez de chalecos o van diciendo balde en vez de cubo. El/La nacionalista canario/a no se deja pisotear ni se sienta en el borde del camino. El/La nacionalista canario/a construye caminos y construye las sillas.
El/La nacionalista canario/a siente la tierra y el mar que nos rodea y lo demuestra con su esfuerzo y su modo de vivir, respetando el entorno que nos ha visto crecer como pueblo.
El/La nacionalista canario/a crea propuestas para que otros/as canarios/as encuentren espacios de desarrollo personal y participen con su vida en la construcción de nuestra historia y cultura.
El/La nacionalista canario/a CREE en sí mismo como un agente dinamizador de los que viven en Canarias en cualquiera de los ámbitos de la cultura, del arte, de la política, de la ciencia, del humanismo, de la espiritualidad, etc.

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