domingo 30 de enero de 2011

Lecciones de política.

Hace casi dos años que decidí comprometerme aún más en Telde. Ya lo había hecho desde el punto de vista cultural y laboral y creía que era el momento de aportar también desde la política. Estoy convencido que “si no eres parte de la solución, eres parte del problema”, y tarde y temprano tenía que decidirme.

Todo nuevo proceso lleva un camino de aprendizaje, de vueltas e idas, de reflexiones y decisiones, de opciones y de oportunidades, de fracasos y éxitos, de reconocimiento y sacrificio. Es la vida. Sólo se hace “camino al andar”.

Después de un tiempo de reflexión, de conversaciones con gente de mi entorno,  el primer esfuerzo que tuve que hacer era compaginar la más posible, mis planteamientos vitales, mis principios y valores, mi ideología, con una organización política que pudiera aportarme el espacio necesario para desarrollar mis inquietudes. Y ese lugar lo hallé cuando me encontré el proyecto que representaba Coalición Canaria de Telde. Acababa de ser nombrado el candidato a la alcaldía y se había renovado la ejecutiva local.

Durante la primera semana recibí tres llamadas. Todas de conocidos/amigos de otras organizaciones políticas. La primera fue de un amigo  que me preguntó directamente “¿qué ambición tienes Dani? ¿En qué puesto vas de las listas?”. Yo no sabía en ese momento ni qué era eso. (Disculpen mi inocencia). Mi primera lección en política es saber que los factores sí alteran los productos. No es lo mismo “principios+valores+valía personal+suerte+ambición” que “ambición+valores+principios…”. Está claro que no, simplemente porque el primer factor condiciona el resto. La segunda llamada fue para agradecerme mi entrada en política,”aunque sea en otro partido” ya que consideraba que Telde “ganaba con mi presencia”. Estas palabras fueron un impulso importante, sabiendo desde que posición venían. Segunda lección: hay personas con buenas intenciones en política, aunque las intenciones no siempre sean siempre lo fundamental. La tercera llamada fue de alguien que me dijo que si me arrepentía “en su partido siempre tenía una puerta abierta”. Tercera lección: en política hay mucha gente que te quiere no tanto por lo que eres, sino por lo que ellos dejan de ganar. Fue una semana, la primera, intensa y llena de emociones.

Luego, con tus compañeros y compañeras, comienza la construcción conjunta de un proyecto. Y ¡ese sí que es un aprendizaje de verdad! En este tiempo, no he dejado de aprender, de crecer, de conocer, de constatar, de analizar. Ahora mismo no me arrepiento de la decisión tomada; más bien todo lo contrario.

A pesar de algunas tristezas. La primera y más dolorosa es descubrir como se utilizan y se ataca un proyecto por ser liderado por gente “joven”. Yo siempre he creído que los jóvenes son algo más que un relleno de algún cojín en donde apoyan sus traseros algunos. Indudablemente creer en lo contrario sería alterar el orden de los factores de mis principios: soy maestro, educador, salesiano y siempre he participado en asociaciones juveniles. Lo que debería de ser uno de los más preciados valores de la sociedad: la formación y la juventud, en Telde muchos lo consideran un lastre y lo utilizan como argumento para ridiculizar, y lo que hacen es situarse con sus opiniones en un posicionamiento que no comparto en absoluto, y seguramente, muchos ciudadanos tampoco.

La segunda tristeza (y decepción) es descubrir que “todo vale” y que poco importa el bien común o el futuro. La mediocridad se ha instalado. Y con ellos los mercenarios. Y si hay que mentir se miente; y si hay que gritar se grita. La vida también es así. Bueno el único consuelo que nos queda es que si no fuera por esos, no existirían los luchadores.

Pero al final, el mayor aprendizaje ha sido el descubrir que si uno pudiera levantar unas siglas, una fuerza política (la que sea) y la agita bien fuerte repetidamente, lo que queda son las personas, con nuestros defectos y virtudes, con nuestras miserias y potencialidades, con nuestras limitaciones y grandezas, y en la medida, en que sepamos ser coherente con uno mismo y con lo que creemos, siendo fiel a lo más íntimo de cada uno, alcanzaremos lo que buscamos. Y esa es una de las grandezas de la libertad: elegir con qué personas quiere uno estar. Y yo, ya lo he hecho.

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